OSOS

A finales de los 80 el barrio de Castro, en San Francisco, era ya muy conocido como un espacio gai: proliferaban los locales de ambiente, librerías, cines, restaurantes, la mayor parte de los residentes en el área eran gais, y numerosas organizaciones tenían sus sedes en el barrio.

El Castro no era ajeno a la estética del momento; por sus calles era frecuente ver paseando chicos de porte atlético, bien afeitados, jóvenes, elegantemente vestidos a la moda, afanándose en reproducir el modelo de belleza gai imperante. Pero, en esa misma acera, empezaban a aparcar sus motos unos tipos de aspecto muy distinto: barbudos, barrigudos, corpulentos, con las piernas enfundadas en viejos vaqueros y el vello del pecho asomando de la camisa de leñador entreabierta: los osos. Nadie sabe con seguridad cuándo se empezó a generalizar el uso de esta denominación, pero todo apunta a dos referencias: el bar Lone Star y la revista Bear.

Cuando aparece por primera vez el Bear Magazine, se produce un fenómeno social sin precedentes. La revista se agota en pocos días y comienzan a llegar a la redacción cientos de cartas eufóricas celebrando el contenido de la revista: por fin una revista con fotos de hombres peludos, gorditos, con barbas pobladas, y... sorpresa: ¡no superdotados! Pero vayamos por partes. ¿Qué es eso de "por fin"? La revista acababa de inaugurar la posibilidad de un reconocimiento distinto, un espacio de representación nuevo, había presentado una imagen de "cuerpo deseable" hasta entonces atípica, que sin embargo produjo la identificación de un enorme número de personas. Los lectores expresaban básicamente dos ideas: "a mí me encantan ese tipo de hombres, pero pensé que nadie compartía mi gusto", y también: "yo tengo ese aspecto, pero creía que yo no era deseable".

Los editores de la revista eran conscientes de la diferencia que querían marcar respecto a la imagen típica cuerpo. Se posicionaron explícitamente criticando el imperio de ese cuerpo normalizado por la moda, excluyente de otras estéticas y formas de deseo. Esa reflexión política sobre el cuerpo tenía otra vertiente: los hombres que aparecían en las fotos tenían penes normales, no esas pollas descomunales de las revistas del mercado. Ello favoreció aún más la posibilidad de identificación de los lectores, liberándoles de los complejos de inferioridad que se suelen dar cuando uno se compara con semejantes prodigios de la naturaleza. Y, finalmente, los osos no eran necesariamente jóvenes: en la revista aparecían frecuentemente hombres maduros, mostrando gozosamente su desnudez (los osos polares, de hermosas barbas canosas).

El fenómeno bear se difundió rápidamente en EEUU y Canadá, y poco más tarde por Europa, Australia y Japón. Se fundaron numerosos clubes, se abrieron bares de osos, se crearon cientos de páginas de Internet, y se comercializaron otras revistas (Husky Magazine, American Bear, Bulk Male, Big Ad, etc), vídeos y complementos ursinos, mientras la revista Bear se inundaba de fotos y cartas de osos de todo el mundo deseosos de ligar y de disfrutar de ese nuevo espacio. En 1997 aparece el primer ensayo sobre el mundo de los osos gais, un estudio donde se analiza el origen de este movimiento, sus características y las implicaciones sociales que está teniendo (http://www.tiac.net/users/codybear/bear.htm).

Y claro, con las barbas tan bonitas que se ven por aquí, el movimiento de los osos llegó a España. Por supuesto los osos no fueron traídos en un chárter desde California, desde siempre había habido aquí hombres peludos y grandes merodeando por el ambiente, pero con la sensación de que no tenían demasiado éxito, o al menos sin una referencia colectiva. El 'orgullo oso' empezó a cuajar poco a poco, los osos españoles conocían las revistas californianas, se reconocían con complicidad por la calle o en los bares, y al mismo tiempo comenzaron los primeros intentos de organizarse.

En 1994 se creó en Internet el primer espacio osuno virtual de ámbito nacional, Osos Ibéricos, con información sobre el mundo ursino, galería de imágenes, foro de discusión, artículos, enlaces, y un canal de conversación (chat-IRC) on line. Desgraciadamente -y a pesar de su éxito y calidad- este lugar web tuvo que ser cerrado a mediados de 1997 al verse sometido a numerosos ataques homófobos desde la red (¡sí, en Internet también hay homofobia!), sobreviviendo únicamente el canal de conversación, donde docenas de osos de habla hispana charlan cada noche desde sus cuevas, antes de hibernar.

Otro colectivo español indirectamente relacionado con los osos es Gorditos (http://www.redestb.es/personal/gorditos), que como su nombre indica promociona principalmente una valoración positiva de los cuerpos gordos, y al mismo tiempo incluye entre sus miembros y admiradores a algunos osos. Publica la revista The Fat Angels Times, junto con otros 12 grupos europeos. En octubre de 1997 se celebró la Conferencia Europea de Hombres Grandes y Admiradores (Girth and Mirth) en Barcelona, con la asistencia de más de 300 gorditos y osos de toda Europa.

Los osos han producido un efecto de subversión en dos ámbitos diferentes: dentro del mundo gai, el movimiento oso es una estrategia de resistencia contra la tendencia dominante de valoración de un tipo de cuerpo/edad (danone/joven), está generando nuevos espacios de relación y de disfrute, y ha demostrado que existe una diversidad mucho mayor en las formas de relacionarse de los gais que la que se ofrece habitualmente en los medios de comunicación (incluidos los medios gais). En el ámbito heterosexual, la imagen de dos hombres barbudos besándose resulta tremendamente inquietante, rompe el molde tópico del "mariquita-loca-afeminado" que es tan útil para los héteros a la hora de distanciarse de los gais y de marcarles como una cosa rarita, ajena a ellos. Esto es distinto, la estética de los osos es cercana para el mundo heterosexual, demasiado cercana: el carnicero del barrio de la barba negra que te vende las morcillas o el fontanero de brazos peludos y bigotes que viene a repararte las cañerías pueden ser gais ("¡quién lo iba a decir!"). Pues sí, también hay gais así, y estamos en el mundo. El armario de los osos era una cueva. Ya era hora de que saliéramos de ella.


Dedicado a Juan

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